1. Definición de las necesidades: determinar el uso del edificio (vivienda, hotel, oficina, etc.), los espacios a climatizar, ocupación, nivel de confort deseado, ventilación, control de calidad del aire, etc.
2. Cálculo de cargas térmicas: evaluar demanda de calefacción y refrigeración en función de superficie, orientación, aislamiento, número de usuarios, ventanas, clima, etc.
3. Selección del sistema adecuado: elegir tipo de sistema (aire-aire split, sistema por conductos, bomba de calor, VRF, unidad rooftop, hidráulico por agua, etc.) según el proyecto.
4. Diseño del esquema de distribución: definir ubicación de unidades interiores/exteriores, conductos o fancoils, rejillas de suministro/extracción, ventilación, tratamiento del aire, etc.
5. Dimensionado de equipos y conductos: asegurar que los equipos tengan la capacidad adecuada (potencia, caudal, COP/SEER, etc.) y que los conductos o distribución de aire / agua estén correctamente dimensionados.
6. Integración de controles y automatización: régimen de control, regulación de temperatura, caudal de ventilación, eficiencia energética, calidad del aire interior — especialmente si se busca confort, ahorro y sostenibilidad.
7. Elaboración de la documentación técnica: planos (esquemas HVAC, conductos, distribución), memoria técnica, cálculos de carga térmica, especificaciones de equipos, planos arquitectónicos modificados si procede.
8. Revisión normativa y permisos: comprobar normativa local, reglamentos de ventilación, eficiencia, seguridad, y tramitar los permisos correspondientes si se requiere.
9. Instalación: ejecutar montaje, obra civil si hace falta, instalación de conductos/unidades, electricidad, puesta en marcha.
10. Puesta en marcha, ajustes y puesta en marcha de controles: verificación del funcionamiento, regulación, equilibrado de caudales, pruebas de confort, ventilación y eficiencia.